La economía ecuatoriana ha mostrado cierta recuperación durante el primer semestre del año, creciendo a una tasa anual del 2,8%, luego de haberse contraído al 2,9% en el mismo período del año pasado. Este positivo desempeño y las expectativas creadas ante las propuestas presentadas en el Consejo Consultivo Productivo y Tributario, han generado entre los empresarios un creciente optimismo respecto al futuro económico del país. Sin embargo, debe existir cautela, ya que existen cinco riesgos que enfrenta la economía ecuatoriana que condicionarán el desarrollo de los negocios en el mediano plazo.

El primer riesgo es la “trampa fiscal” en la que vive el país, en donde una expansión del Estado permite mover la economía pero generando crecientes desequilibrios fiscales, mientras que un ajuste permite corregir el déficit pero a costa de un menor crecimiento. Esto ocurre porque durante los últimos años la economía ecuatoriana pasó a depender en gran medida del Estado, que llegó a representar el 44% del PIB en 2014. Cuando los ingresos del Estado se redujeron, este tuvo que ajustarse hasta llegar a representar el 38% del PIB, arrastrando a la economía a una recesión entre 2015 y 2016. Pero en el primer semestre de 2017 el Estado volvió a gastar agresivamente, al endeudarse fuertemente y acceder a ingresos extraordinarios por la reforma tributaria impulsada el año pasado, permitiendo recuperar el crecimiento pero a costa de mayores desequilibrios fiscales. Ahora se ha anunciado un programa de austeridad que permita equilibrar las cuentas públicas, pero que inevitablemente va a impactar en el dinamismo económico a corto plazo.

El segundo riesgo a considerar es la “restricción externa” que enfrenta la economía ecuatoriana. El país está dolarizado y por ende la salud del sistema monetario está condicionada a la capacidad para generar divisas. Durante la bonanza era fácil obtener dólares gracias a los altos precios del petróleo, pero cuando estos cayeron el país tuvo que buscar otras fuentes de divisas. El problema es que en la actualidad una de las principales fuentes de dólares es el endeudamiento público externo (aproximadamente $8.000 millones al año). Así, cualquier ajuste del gasto público, implicará necesariamente un menor ingreso de dólares a la economía.

Ese menor circulante permite identificar un tercer riesgo, un posible escenario de “deflación”. Efectivamente, los niveles de inflación en el país se están acercando a cero y algunos componentes de consumo ya muestran caídas en sus precios. Es usual ver promociones y descuentos que reflejan la necesidad de las empresas por reducir inventarios y potenciar sus ventas. Pero si los precios comienzan a caer permanentemente, los incentivos para producir e invertir se reducen, llevando a un círculo vicioso de ajustes nominales y reales sobre la producción.

El cuarto riesgo refleja la fragilidad de la economía ecuatoriana ante los problemas de “liquidez” que enfrenta el Banco Central del Ecuador (BCE). Las reservas internacionales son los activos líquidos con los que cuenta el BCE para lidiar con posibles desequilibrios de balanza de pagos. En la actualidad esas reservas no superan los $2.800 millones, siendo oportuno señalar que cuando el país enfrentó la crisis financiera internacional de 2008 y la caída del precio del petróleo en 2014, estas superaban los $6.500 millones. Así, el país hoy por hoy no está preparando para enfrentar un nuevo shock externo, siendo por lo tanto más vulnerable a una crisis de balanza de pagos.

Finalmente, el quinto riesgo muestra un problema estructural de Ecuador, su baja “competitividad”. El país se ubica en el puesto 97 entre 137 economías en el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, habiendo perdido 21 puestos en apenas dos años. Las mayores deficiencias de Ecuador se dan en instituciones, funcionamiento de los mercados, sofisticación de los negocios e innovación. Sin una agenda ambiciosa de reformas en diversos ámbitos, es muy complejo que la economía pueda crecer en forma sostenida y se generen las condiciones adecuadas para el desarrollo de los negocios en Ecuador. Es importante que los empresarios valoren estos riesgos en su estrategia empresarial y no se dejen llevar exclusivamente por los positivos resultados observados durante 2017.

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