Lenín Moreno fue elegido presidente bajo la bandera de Alianza País (AP), lo que se reflejó en la estructuración de su gabinete inicial, que incluía a figuras del movimiento político vinculadas al gobierno de Rafael Correa. El distanciamiento con su antecesor llevó a la temprana salida del gobierno de personajes como: Ricardo Patiño, Paola Pabón, Virgilio Hernández entre otros. A eso se sumó el vicepresidente Jorge Glas, apartado del gobierno por sus problemas legales. Esa “depuración” del gabinete fue presentada en su momento como un proceso natural de “refrescamiento” de la imagen del gobierno de AP, al desmarcarse de figuras radicales y muy cercanas al correísmo. Esos cambios estaban primordialmente relacionados a los cuestionamientos del presidente Moreno respecto a acciones específicas avanzadas por la anterior administración, antes que a cuestionamientos ideológicos.

Sin embargo, la más reciente salida de funcionarios del gobierno de Moreno y el perfil de sus reemplazos, dan cuenta de una reorientación ideológica dentro del Ejecutivo que va más allá de lo que incluso líderes moderados de AP como Augusto Barrera, están dispuestos a tolerar. Un punto de inflexión en esta dinámica fue la incorporación de Richard Martínez como Ministro de Economía y Finanzas. A diferencia de los ministros de economía de la última década, él tiene una visión más liberal de la economía, inconsistente con los postulados que AP defendió desde su fundación en el año 2006, cuando se presentó como una alternativa a las “políticas económicas neoliberales”.

La apertura económica promovida por Moreno que favorece el ordenamiento de las cuentas fiscales, la apertura externa, las mejoras de competitividad y la reducción del tamaño del Estado y de las cargas regulatorias para los negocios, es vista con agrado por gremios empresariales y movimientos políticos de derecha. Pero los beneficios e incentivos para el sector empresarial y una eventual revisión de la nómina estatal y de los subsidios, genera conflictos con AP.

Esta tensión plantea riesgos. AP es la principal fuerza política del país y, hasta hoy, se ha constituído en un factor de estabilidad para el gobierno al representar, al menos, la primera mayoría en la Asamblea Nacional y al copar otras instancias de poder. El que Lenin Moreno, en la más reciente Convención de AP, haya ratificado su interés en gobernar primordialmente con esa tienda política y apoyarla electoralmente, muestra cuánta importancia le asigna para el éxito de su gobierno. Pero la pérdida paulatina de espacios de poder e influencia dentro del Ejecutivo y en otras funciones del Estado (ej: CNE, Consejo de la Judicatura), sin duda impulsará los conflictos entre AP y el Ejecutivo. Lo que tiene el potencial de generar ingobernabilidad y eventualmente poner en riesgo las reformas económicas.

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