El presidente Rafael Correa reconoció recientemente que la política comercial no ha permitido incrementar los volúmenes exportados, diversificar exportaciones y llegar a nuevos mercados.

Tiene razón. Las exportaciones ecuatorianas en los últimos años han pasado de $12,728 millones en 2006 a $23,847 millones en 2012. Un crecimiento promedio anual del 11%, que ha sido primordialmente consecuencia de los altos precios internacionales de muchos de los commodities que el país exporta pues, al analizar los volúmenes exportados, se constata que se han mantenido estables, al promediar 27.6 millones de toneladas en el mismo período. Por lo tanto, Ecuador exporta prácticamente las mismas cantidades, pero a precios más elevados.

El país tampoco ha logrado diversificar sus exportaciones, que dependen en un 58% de la venta de petróleo y derivados, porcentaje muy similar al 59% registrado en 2006. Entre las exportaciones no petroleras, las exportaciones tradicionales han promediado el 19% de las exportaciones totales del país, mientras que las no-tradicionales el 23%.

Aproximadamente el 80% de las exportaciones del país continúan concentradas en la venta de petróleo, banano, camarón, flores, pescado y cacao. Mientras que las exportaciones con mayor valor agregado representan apenas el 17% del total y muchas están concentradas en manufacturas de origen agropecuario, siendo pocas las que tienen algún grado de safisticación. Entre ellas los vehículos ensamblados localmente que apenas representan el 2% de las exportaciones totales y cuyas piezas, en su mayoría, se importan.

Las exportaciones también se concentran en pocos mercados. Si en 2006, el 67.5% de las exportaciones del país se dirigían a 5 países (Estados Unidos, Perú, Colombia, Chile y Venezuela), en 2012 esos mismos países adquirieron el 70.1% de las exportaciones ecuatorianas. Al mismo tiempo se ha dado un vertiginoso crecimiento de las importaciones, que ha generado déficits comerciales no-petroleros superiores a los $8,500 millones en 2011 y 2012.

El gobierno ha anunciado la creación de un Ministerio de Comercio independiente de la Cancillería y más cercano a los sectores productivos, la intención de negociar un acuerdo comercial con la Unión Europea y un fuerte impulso a la transformación de la “matriz productiva” local. Parecerían ser pasos pragmáticos para intentar reenfocar la política comercial, ante los pobres resultados alcanzados hasta hoy y que el mismo presidente ha reconocido.

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