@felipeh27

El fuerte crecimiento del Estado en la economía ecuatoriana durante la última década permitió impulsar fuertemente la demanda doméstica gracias a la inversión en infraestructura pública, la adquisición de bienes y servicios, y el surgimiento de una clase media-alta vinculada al aparato estatal con un alto poder adquisitivo. Esto sin duda fue beneficioso para ciertas actividades empresariales, que se volcaron a atender las crecientes necesidades de un sector público cada vez más relevante en diversas áreas, incluyendo la construcción, el comercio y la prestación de servicios.

Muchas empresas encontraron en el Estado la opción de incrementar significativamente sus ventas con cuantiosos contratos, difícilmente disponibles en el sector privado. Así, compañías que no trabajaban con el gobierno o mantenían relaciones marginales con este, pasaron a facturar enormes sumas de dinero mediante la provisión de bienes y servicios al sector público. Esta apuesta parecía exitosa, pero lastimosamente era insostenible, ya que la capacidad del Estado para mantener ese alto gasto público dependía de dos condiciones, altos precios del petróleo y acceso a financiamiento externo.

Los precios del petróleo, si bien se han recuperado durante los últimos meses, están a la mitad de los casi $100 que alcanzaron años atrás. Esta situación no es coyuntural, ya que existen fundamentos de mercado que limitan el incremento de los precios del crudo, principalmente por el surgimiento de Estados Unidos como estabilizador de la oferta mundial. Respecto al financiamiento, el gobierno ha postergado un ajuste mayor en el gasto público mediante el acceso a miles de millones de dólares en nuevas deudas, cada vez más caras y de menor plazo. Pero su capacidad de endeudamiento se reduce a medida que los acreedores se percatan que difícilmente podrá generar los ingresos necesarios para cubrir dichas obligaciones.

En ese contexto, las empresas ecuatorianas y especialmente las que más expuestas están como proveedoras y contratistas del Estado, tendrán que redefinir su estrategia de negocio. El inevitable redimensionamiento del sector público, que llegó a representar el 44% del PIB en 2014, frente a valores históricos del 25%, impactará en el corto plazo en el dinamismo económico del país. Pero si la nueva administración realiza cambios rápidos que generen confianza, faciliten el desarrollo de los negocios, amplíen mercados y atraigan inversiones, el Ecuador puede lograr un crecimiento sostenible en el mediano plazo.

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