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Para todo inversionista, la decisión de emprender nuevas operaciones requiere de análisis costo-beneficio del proyecto a llevarse a cabo, así como del ambiente tradicional de mercado como son clientes, proveedores, competencia, entre otros. Sin embargo, en la actualidad, los inversionistas requieren de más información que les permita tomar una decisión acertada, sobre todo cuando se trata de llevar adelante proyectos en otros países. Estos factores “fuera del mercado”, incluyen las realidades políticas, económicas, regulatorias y sociales de un país, que no están bajo el control de las empresas, pero determinan en gran medida el éxito o fracaso de un negocio.

Con este propósito, existe una decena de organizaciones que presentan reportes sobre el “clima de negocios” en los diferentes países del mundo. El reporte “Doing Business” del Banco Mundial es uno de los más demandados por las empresas, de igual forma las evaluaciones anuales realizadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos regionales. Recientemente, la unidad de inteligencia, análisis e investigación de The Economist, llamado The Economist Intelligence Unit (EIU) publicó en junio de 2014, un análisis del clima de negocios en 82 países. Basado en una serie de variables, tanto cuantitativas como cualitativas, la EIU se generó un ránking de los países más amigables para hacer negocios. La conclusión principal fue que a pesar del buen desenvolvimiento de los países emergentes en la última década, siguen siendo las economías desarrolladas de América del Norte, Europa Occidental y Asia, las mejores para estas actividades.

Este estudio en particular, evalúa el ambiente político, el comportamiento macroeconómico, las oportunidades de mercado, las políticas de apertura a la libre competencia, incentivos a la inversión extranjera directa, sistema fiscal, ambiente laboral, y demás indicadores que demuestren un ambiente amigable para los inversionistas. En Latinoamérica, solamente Chile se destaca por tener sólidos puntajes en cada uno de estos indicadores, ubicándose en el 13er puesto del ránking global, y primero entre los países latinoamericanos. Ecuador por su parte, no tiene una evaluación positiva, ocupando el puesto 69. Hace pocos meses, el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, mostraba un ascenso de 15 puestos para el país en su ránking (respecto a 2013), pasando del puesto 86 al 71 entre 148 evaluados. Sin embargo, a pesar de la alentadora escalada, ésta se explica principalmente gracias a factores sociales (infraestructura, educación, salud), pero todavía falta mucho por trabajar en variables como innovación, uso de nuevas tecnologías y solidez de las instituciones.

Es claro que el gobierno ecuatoriano (a pesar de las críticas a la metodología y a este tipo de informes) ha tomado nota del pobre desempeño del país en brindar mayores oportunidades a los negocios, en especial a inversionistas extranjeros. La incertidumbre sobre la serie de regulaciones gubernamentales expedidas y por expedir -ya sean estas reformas impositivas, laborales, circulación de capitales o restricciones al comercio exterior, así como ser uno de los pocos países de la región sin acuerdos comerciales con los grandes mercados como EEUU o Europa- han sido un limitante para que exista mayor inversión extranjera en el país. Sin embargo, las recientes acciones del gobierno ecuatoriano a fin de “abrirse” al mundo a través de la negociación comercial con la Unión Europea, la salida al mercado financiero internacional a través de bonos soberanos y permitir la evaluación del FMI al estado de la economía nacional, así como los anuncios de eliminar la tramitología y facilitar la constitución de empresas en menor tiempo, son señales positivas para las empresas nacionales y extranjeras, de que en Ecuador existen oportunidades importantes para nuevos emprendimientos.

Un hecho que no debe ser pasado por alto es que en la actualidad, las realidades políticas, económicas, regulatorias y sociales, tienen cada vez un mayor impacto en las actividades económicas y empresariales de un país, en especial en Ecuador. Reportes como el de EIU, son un insumo importante tanto para las empresas como para los mismos gobiernos. Estos últimos pueden utilizar dicha información para conocer los factores que más preocupan e interesan a los inversionistas, y así proponer políticas públicas que sean más amigables y que se sintonicen con aquellos países donde existen mejores oportunidades de negocio. Por su parte, las empresas deberían usar estos estudios como un marco general de análisis, pero también recurrir a evaluaciones más específicas, dentro de los países donde buscan hacer negocios.


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