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@DanielaChir90

Es alarmante que a tan pocos días de haber asumido su mandato, uno de los presidentes más poderosos del mundo califique a la prensa como “uno de los seres más deshonestos de la tierra”, cambiando de manera sustancial la relación del presidente de los Estados Unidos con los medios de comunicación. Trump ha traído consigo no solo este, sino varios cambios que en tan solo una semana, han marcado una pauta en las relaciones internacionales del gigante americano.

Si bien, la libertad de expresión es un derecho del que no todas las naciones gozan, Estados Unidos ha sido por muchos años el país de referencia en esta materia. Es parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en los que las personas tienen derecho a la libertad de expresión, lo cual incluye la libertad de investigar, recibir y difundir información e ideas de toda índole. El país es reconocido por proteger este derecho a través de la Primera Enmienda de su Constitución, en la que se estipula que “el Congreso no promulgará ninguna ley que se aboque a la adopción de una religión que prohíba el libre ejercicio de la misma; o que coarte la libertad de expresión o de prensa o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar al Gobierno la reparación de agravios.”

Los regímenes autoritarios, por el contrario,se han caracterizado por reprimir este derecho, pues garantiza la concentración de poder en manos de pocos. China eterno rival de Estados Unidos, controla y reprime fuertemente las declaraciones de la prensa extranjera, intentando convencer a los ciudadanos acerca de una realidad distinta a la que perciben. Todo esto a través de fuertes controles a quienes informan a la ciudadanía. Por ejemplo, los periodistas que quieren renovar su licencia, son obligados a pasar un examen ideológico en el que son “capacitados” para no publicar comentarios o información contraria al régimen. Además, para controlar el flujo de información que llega a sus habitantes, solamente existe una única agencia de noticias nacional llamada Xinhua, la cual es controlada por el Estado, y una sola emisora de televisión con licencia.

La finalidad del control de prensa es crear una identidad nacional unificada, con un pensamiento unánime frente al resto de países del mundo, elemento que siempre estuvo ausente en los medios de comunicación norteamericanos. Sin embargo, el mandato de Trump está marcando un antes y un después en esta materia.  Como explica el periodista Frank Langifitt en su artículo “For Journalists Who’ve Worked In China, New White House Tactics Seem Familiar”, las quejas sobre las injusticias y la “poca objetividad” que mantiene la prensa han sido constantes en los pocos días de su mandato, asimilandose a la experiencia mantenida con el gobierno de China a lo largo de los años. Ambos gobiernos generando, hoy en día, una narrativa que desacredita a los medios.

En su recuento de las primeras relaciones de Trump con los medios, Langifitt expone que las medidas tomadas por el equipo del presidente prevén una gran similitud con la censura y la represión de prensa que caracteriza al gobierno Chino. Menciona además que el secretario de prensa de la Casa Blanca Sean Spicer, intentó convencer a los medios de que la toma de posesión de Donald Trump ha sido la más vista de todos los tiempos, a pesar de que las fotografías comparativas demuestran completamente lo opuesto. Dice que al día siguiente, en Meet the Press de la NBC, la consejera de la Casa Blanca Kellyanne Conway trató de persuadir al anfitrión Chuck Todd de que Sean Spicer estaba usando “hechos alternativos”. Cuando Todd hablo con Conway sobre la falsedad de las declaraciones de Spicer, ella respondió: “Chuck, si vamos a seguir refiriéndonos a nuestro secretario de prensa en ese tipo de términos, creo que vamos a tener que repensar nuestra relación”.

La falta de evidencia en las declaraciones de Trump es clara. Según el diario New York Times, el presidente pasó su primera semana en el cargo repitiendo declaraciones falsas en las que aseguraba que entre tres y cinco millones de personas habían votado ilegalmente en las elecciones de noviembre del año pasado. Estos falsos testimonios se dirigieron en un principio a los miembros del Congreso, después lo dijo en una entrevista de ABC News, y luego en Twitter: “Estaré pidiendo una investigación importante sobre VOTER FRAUD, incluyendo los registrados para votar en dos estados, los que son ilegales (…)”.

Una corta revisión de las tácticas mantenidas en China para reprimir la libertad de expresión de sus ciudadanos, permite encontrar algunas similitudes con las del nuevo presidente americano. Ambos regímenes no dejan de atacar la integridad de los periodistas que los desafían, diciendo por ejemplo: “sabes, realmente no importa lo que escriban los medios mientras tengas un joven, y hermoso, trasero”.

Si bien las políticas acerca de libertad de expresión de Estados  Unidos todavía se encuentran muy distantes a las de China, en los primeros días de mandato de Donald Trump podemos encontrar varias similitudes con el país autoritario. Es evidente que mantener buenas relaciones con la prensa, no se encuentra precisamente dentro de los planes del presidente electo, lo cual podría devenir en serias consecuencias. En el régimen autoritario de China, por ejemplo, el periodismo y la comunicación, son profesiones que han perdido su esencia, muchos se han visto obligados a abandonarlas, por las cargas penales que se han llevado en su contra o bien, la censura que los obliga a seguir estándares que no comparten, como nombrar en sus titulares al presidente y en sus textos al primer ministro.

Referencias: 

http://www.npr.org/sections/parallels/2017/01/25/511460917/for-journalists-whove-worked-in-china-new-white-house-tactics-seem-familiar?utm_source=facebook.com&utm_medium=social&utm_campaign=npr&utm_term=nprnews&utm_content=2017012

http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

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