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Por: Adriana Garcés

En una derrota histórica para el Peronismo, y en especial para su líder Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri asumió la presidencia el 10 de Diciembre de 2015. Esta elección debe ser vista como un referéndum a los 12 años de Kirchnerismo, y al siglo de gobiernos Peronistas (Partido Peronista) y Radicales (Unión Cívica Radical), que demuestra que lo que la gente quería en Noviembre pasado, era un cambio.

A finales de 2015, Cambiemos no solo logró la presidencia, sino que también aseguró su liderazgo tanto en la ciudad capital como en la provincia más poblada de Argentina, convirtiendo a Macri en el primer presidente en controlar los principales distritos electorales del país, en casi 30 años. Pero, a pesar de una victoria en tales términos, deshacer un aparataje político montado durante más de una década y revertir sus efectos negativos tanto políticos como económicos, no es tarea fácil.

Uno de los desafíos más grandes para cumplir con sus promesas de campaña, ha sido un senado controlado por el Frente Para la Victoria (facción más radical del Kirchnerismo) y una Cámara de Diputados bastante fraccionada, lo cual lo llevó en los primeros meses de su presidencia, a gobernar por decreto durante el receso de verano. Cambiemos ha incorporado ya a ciertos elementos del Frente Para la Victoria en sus bases, y se ha convertido en el bloque más grande de la Cámara Baja del Congreso, pero ello no ha sido suficiente para aprobar legislación. Resta por ver si los resultados de las elecciones legislativas en 2017 cambian esta situación.

En retrospectiva, la elección de Macri como presidente vino acompañada de más desafíos que oportunidades, especialmente en lo que respecta a la reanudación de la maquinaria económica y a su capital político para llevar a cabo una reforma de este calibre. Sin embargo, Macri ha demostrado su capacidad de negociar, llegar a acuerdos y mantener niveles de aceptación estables. Un ejemplo de ello son los bajos niveles de descontento social suscitados con la implementación de medidas de austeridad económica.

En líneas generales, el primer año de su presidencia, ha estado plagado de reformas regulatorias, políticas y fiscales, enfocándose principalmente en reducir el desbalance fiscal, incrementar las exportaciones y atraer inversiones. Para ello,  se devaluó el peso a su valor real y se levantaron los controles de cambio contra el dólar; pero como con el huevo y la gallina, la devaluación y la inflación se han ido alimentando mutuamente, sin signos de estabilizarse. Se disminuyeron en un cinco por ciento los derechos de exportación de soja, se eliminaron los impuestos a varios bienes agrícolas e industriales, y se eliminó el impuesto de exportación minero. El nuevo gobierno aseguró también un préstamo sindicado de 5 mil millones de dólares de bancos internacionales, y fijó objetivos de exportaciones con ciertos productores a cambio de una reducción de impuestos. Incluso buscó reducir el déficit fiscal mediante recortes en el sector público y la eliminación de subsidios, y ha intentado pagar la deuda externa para ganar acceso al mercado internacional.

Argentina ha intentado a como dé lugar abrirse al mundo durante este último año, y aunque quizás este no sea el tiempo adecuado para hacerlo debido a condiciones económicas desfavorables a nivel mundial y a un Estados Unidos reacio a quedarse abierto, parece que la comunidad internacional ha tenido una respuesta favorable a ello. Después de 15 años, Argentina ha reingresado en el mercado internacional, al tiempo que ha impulsado un acercamiento con Europa y Estados Unidos. Dentro de Mercosur, Macri ha propuesto sanciones para Venezuela, y ha buscado reposicionar a Argentina dentro de la región impulsando un cambio desde la izquierda hacia el centro en América del Sur y mostrando a Argentina como un oasis de políticas pro-mercado. Sin embargo, el nivel de inversión real que el país ha logrado atraer en estos meses ha sido insignificante en vista de su trayectoria económica, su debilidad institucional y su continua irresponsabilidad fiscal.

Durante este año de presidencia, y en virtud de los desafíos económicos y políticos enfrentados por Macri al inicio de su término, sus logros han sido evidentes en lo que respecta al ámbito político. El presidente argentino ha demostrado su capacidad de consolidar su liderazgo y el de su coalición, al tiempo que ha sobrellevado grandes obstáculos legislativos. En términos de política exterior, Macri también parece haber cumplido sus objetivos y se está acercando cada vez más al modelo de país que propuso en la campaña. Sin embargo, en el ámbito económico, este año ha demostrado que sus promesas están muy lejos de la realidad. Parece que en este frente, lo mejor que Macri podrá lograr hasta el fin de su término en 2019, será pavimentar el camino institucionalmente para que en un futuro, Argentina pueda gozar de crecimiento económico y estabilidad.

 

 

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